El otoño en Japón tiene mucho que ofrecer. En esta nota te diremos una razón más para hacer tu plan de viaje en estas fechas: El Momijigari

Cuenta la leyenda que hace mil años había una mujer llamada Momiji que se trasladó a Togakushi (actual ciudad de Nagano).

Si bien Momiji tenía una buena relación con sus vecinos del pueblo, pronto se alejó de ellos y se fue a vivir a una cueva llamada «Cueva de los demonios» (鬼の岩屋) en el monte Arakurayama, y junto a mujeres de la banda de Oman, una temida mujer de fuerza monstruosa, Momiji comenzó a aterrorizar a los vecinos del pueblo.

Las noticias del poder y la maldad de Momiji y sus compañeras llegaron hasta Kyoto, donde Komimochi Tairano ordenó realizar una caza de demonios.

Sin embargo, al llegar a las cercanías de la cueva, Komimochi decidió detener a su ejército y organizar un banquete para espiar a Momiji en especial.

Es en este punto cuando la leyenda se divide en varias posibles versiones. Según una de ellas, Momiji se disfrazó de monje y le ofreció sake envenenado a Komimochi, matándolo después.

En otra versión, encontramos que la historia fue al revés, fueron los soldados de Komimochi los que ofrecieron sake envenenado a Momiji, matándola.

Pero la versión más popular es que el ejército de Komimochi no se detuvo, Momiji se transformó en demonio y luchó contra los soldados, matando a muchos de ellos, hasta que finalmente Komimochi logró vencerla gracias a las plegarias que recitaba a Buda mientras luchaba.

Al día de hoy, el Otoño Japonés representa una época de caza, al igual que en muchos otros países del planeta, la diferencia es que en Japón ésta caza está exenta de sacrificio animal y está asociada puramente con un término conocido como「紅葉狩り」 (momijigari), literalmente refiriéndose a la cacería de colores.

El término hace referencia a la caza demoníaca del mito de Momiji.

Momijigari en Kanji

Los kanjis 「紅葉」poseen dos lecturas:
«Kōyō»: colores otoñales, hojas de colores cambiantes.
«Momiji»: haciendo alusión directa y únicamente a las hojas de arce japonés que ocupan una gran parte del territorio y tiñen cada otoño con varias tonalidades rojizas, siendo éste término el más popular.

A su vez, el kanji 「紅」 («kurenai», se refiere al color, siendo rojo profundo, carmesí) y 「葉」 («ha», significa follaje).
Por último, 「 狩り」 («gari»), significa «caza, cazar, cacería».

Acer Palmatum. Momijigari
Acer Palmatum (también conocida como Arce Japonés Palmeado, Arce Japonés o Arce Polimorfo), Prefectura de Hyōgo ©Andrea Gariné

Durante el período Edo (1603 – 1868) primero fueron los Shōgun y samurais, seguidos de los comerciantes y las clases bajas los que disfrutaban del cambio de estaciones con el enrojecimiento de las hojas en Otoño.

Ya en el período Meiji (1868 – 1912) los japoneses comenzaron a viajar por el resto del país para disfrutar del momiji y cada tonalidad de color, actividad que se sigue desarrollando a nuestros días.

Es normal escuchar a un japonés decir «Japón es un país con cuatro estaciones». Vaya revelación, ¿verdad…?

El contraste entre Momijigari y el Hanami

A lo que se refieren los japoneses no es a la estación en sí, sino todo lo que ésta implica culturalmente, con cada ceremonia, festividad, tradición, costumbre y demás.

Se habla y se recomienda mucho visitar Japón durante la Primavera para realizar la contemplación de flores de cerezo, llamada Hanami (花見) implicando ésta una gran tradición en donde no sólo se observa la belleza de la flor como tal, sino que ésta esconde una fuerte filosofía con un profundo significado, siendo este lo efímero del mero existir (se relaciona también con el código samurai).

Entonces, si en Primavera están las sakuras, tenemos su contraparte en Otoño con el momiji y las hojas de arce japonés que, contrariamente al simbolismo delicado y fugaz de la flor, las hojas representan el paso del tiempo a largo plazo.

Dado que su mutación comienza a fines de Septiembre y puede apreciarse hasta mediados de Diciembre inclusive (los cerezos comienzan a florecer, y entre este proceso y su máximo punto de esplendor, hay como máximo, tres semanas).

Arce japonés en Kyoto ©Andrea Gariné

Básicamente, el momijigari, o simplemente momiji, está a la misma altura, con la misma importancia y peso cultural que el hanami de Primavera (pero algo más subestimado), incluso los japoneses suelen hacer mapas detallados por localización de floración (en Primavera) o cambio de color del follaje otoñal con previsiones temporales, rutas e información de los mejores sitios para contemplar éstos hermosos fenómenos (la Primavera comienza de Sur a Norte, y, el Otoño, en dirección opuesta).

Conversión de hojas en tonos amarillentos pronóstico 2019 ©Japan Meteorological Corporation

Los arces japoneses están asociados con la paz y la serenidad de los elementos del Mundo, representan el equilibrio y el sentido práctico.

Por lo tanto, obsequiar una hoja de arce, agrega magnitud y mayor peso al significado que implica una época de paz y serenidad, acompañada de un gran equilibrio, deseando la durabilidad del mismo y su extensión a través del tiempo (en contraparte con la efemeridad y fragilidad de las flores de cerezo).

Rurouni Kenshin: Densetsu no Saigo-hen ©Keishi Ōtomo (2014)